Colegio de la Santísima Trinidad: Entre los primeros puestos del concurso de cuento de la Universidad Manuela Beltrán


Por: Gleider Jesús Ríos De la Rosa


El área de Humanidades de Universidad Manuela Beltrán como institución de educación superior  ha propuesto un concurso de cuento donde se fomente el desarrollo de competencias genéricas como la comprensión y la producción escrita. Teniendo como principal propósito promover la lectura y escritura de los estudiantes en la ciudad de Bucaramanga y su área metropolitana, con el fin de asegurar la participación de calidad al CONCURSO NACIONAL DE CUENTO DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL.
Debido a la participación activa del Colegio de la Santísima Trinidad en el evento, han sido seleccionadas las producciones literarias de la ciudad ocupando los siguientes lugares:
2do: Puesto el cuento “Jeremías” de la estudiante Gina Bayona Niño – grado octavo.
3er: Puesto el cuento “Las videntes: La sonata del bien y del mal” por la estudiante Daniela Sánchez Sabogal – grado noveno.
Bajo la dirección del área de Español y Literatura del colegio.

FELICITACIONES A LAS ESTUDIANTES POR EL TRIUNFO. 

ANEXO LOS CUENTOS SELECCIONADOS:
JEREMÍAS
Mi nombre es Jeremías, soy adolescente latinoamericano de 17 años, mi madre es Isabella Zhang, una puertorriqueña de descendencia asiática, mi padre, Ramone Vólkov  es igualmente puertorriqueño pero de descendencia rusa.
Mi madre trabaja como abogada y es una de las más reconocidas, gana miles de dólares por representar a cualquiera. Mi padre es el dueño y creador de “Kimberly” una prestigiosa empresa ubicada en Londres de talla internacional en la cual se exportan e importan auténticas y únicas fragancias a un precio bastante alto.
Hasta ahora parece la vida de un adolescente normal, pero un día ocurrió un  pequeño accidente que cambió toda mi forma de ver las cosas.
Era un nueve de noviembre, a eso de las cinco de la tarde, iba en mi auto camino hacia mi casa, tenía la música alta, me sentía bastante bien, cuando entró una llamada, era mi madre.
    ¿Ya estas cerca de la casa? —preguntó ella—
    Sí, ¿pasa algo?
    Tu padre tuvo un problema, no creo que sobreviva
No sé cómo se dieron los hechos, pero estaba tan impactado que me quedé viendo el celular, cuando me di cuenta, vi a un carro que se acercaba directamente hacia el mío; había pasado un semáforo en rojo, sonó una fuerte vibración en mi oído y quedé inconsciente.
No sé muy bien como resulté en el hospital con mi madre, porque quedé en coma, con tantas dudas en mi cabeza, sobre si mi padre estaba vivo, que me había pasado, muchas cosas más.
Escuchaba a mi madre diciéndome que estaría bien, alentándome, pero no me importaba, quería saber de mi padre.
Era muy fastidioso no poder hacer nada entre tanto caos, así que simplemente ignoré todo y trate de dormir, pero no resultaba, daba vueltas, pero nunca lograba conseguir dormir. Cuando finalmente pude, escuché la voz de un pequeño niño
—No estés asustado, estoy bien.
Abrí mis ojos, y pude ver bien al pequeño, nunca lo había visto antes, pero de alguna manera lo sentía conocido
— ¿Quién eres? —Dije refiriéndome al niño—
—Jeremías, soy Ramone, tu padre
Nada tenía sentido, mi padre en el cuerpo de un niño, no sabía lo que me pasaba
—Si eres mi padre, que te pasó, por qué estás en ese cuerpo ¿vas a sobrevivir? ¿Qué me pasa?
Mi padre me explicó que estaba en coma, y que veía de una forma diferente a las personas mientras estaba en coma, mi padre, era un niño,  más precisamente él cuando era niño,  me dijo que mi madre era una especie de ninfa y cada familiar o amigo era diferente. Él murió, me dijo que alguien lo asesinó, y que ya sabían lo que iba a pasar ese día desde hace mucho tiempo, me advirtió que debía hacer una gran elección, que iba a conocer a personas fantásticas en el mundo que veo cuando estoy en coma y debía elegir en seguir en coma hasta morir, o vivir. No logré asimilar todo, para cuándo le iba a preguntar por qué decía todas esas cosas él ya se había esfumado.
Vi a mucha gente que ya conocía en la vida que siempre he tenido, eran más agradables, supongo que era porque no tenían esa especie de mascara que todos tienen. Era bastante ameno el ambiente que se respiraba, pero no para quedarse, seguía sin entender lo que mi padre me quiso decir.
Pasaba los días en el lugar que suponía mi subconsciente había creado, un día en especial, estaba recostado en un árbol y de repente escuche un sonido, no sabía de quien venía, pero sabía que era la voz de una mujer, o niña cantando.
Recorrí el bosque hasta poder encontrar la persona de quien venía ese hermoso canto. Su nombre era Irie, no la conocía en la vida real, pero en esta vida era una “kalypso” no sabía que significaba, pero ella me dijo que eran mujeres que no envejecían y eran muy conocidas por su canto singular,  el canto era hipnotizante únicamente con la persona que fuera su amor verdadero, porque si no lo era, el sonido era muy agudo y estresante.
Me causo curiosidad la parte del canto, porque a mí me pareció esplendido, ella tampoco lo podía creer, así que nos propusimos comprobar si éramos el uno para el otro, y así fue, pasábamos todo el día juntos, haciendo hasta la más simple cosa nos divertíamos, cada minuto me enamoraba más de ella.
Al final de uno de nuestros maravillosos días nos quedamos dormidos viendo las estrellas y no supe cómo, me desperté de golpe, escuchaba un zumbido agobiante y me encontraba en un cuarto lleno de varios tonos de blanco; el hospital, lo único que decía era “¡Irie! ¡Irie!” y entonces supe que esa era la decisión a la que mi padre se refería; debía elegir entre quedarme en el mundo que veía cuando estaba en coma, o quedarme en la tierra, y dedicarme todos los días a encontrar la figura humada de quien me enamoré.
Y así fue, simplemente cerré mis ojos, respiré profundo y decidí quedarme en la tierra, creer que todo había sido un sueño. Pasaban los días, me fui mejorando, pero no era lo mismo sin Irie, iba todos los domingos por la mañana al parque, pero un día escuché una voz de una niña, o mujer, instantáneamente la asimilé con la voz que oí en mi “sueño” cuando estaba en coma, como lo hice esa vez, recorrí todo el bosque hasta encontrar de quién salía esos tonos musicales, una preciosa adolescente de cabello castaño claro se volteó y me dijo:
    Mi canto es hipnotizante únicamente con la persona que es mi amor verdadero.
Era Irie, es Irie, siempre será Irie.
                                                        Gina Bayona  8°
Las videntes: La sonata del bien y el mal
Hace mucho tiempo en las profundidades de un bosque encantado, un hechicero vivía en la cabaña más apartada y pantanosa de todo el bosque, tratando de ocultar a los ojos de todos los aldeanos a sus dos hijas, Metáfora y Anáfora. Las cual poseían el don de la videncia pero de una forma bastante extraña, metáfora tenia visiones el futuro pero solo las cosas buenas que pasarían, y Anáfora las cosas malas .metáfora y Anáfora no se entendían, ya que al tener diferentes perspectivas de la vida, cada una creía que lo que les mostraban las visiones era lo correcto, lo que realmente debería suceder, y eso ocasionaba peleas entre las dos:
-Los aldeanos son personas mentirosas y crueles-decía Anáfora en una ocasión-son personas fantásticas, si vieras como algunos asesinan a sus familias por ganar más poder, y que decir de los reyes tan sanguinarios y falsos, es el mejor pueblo que he visto lleno de sangre y mentiras.
-¡¿Qué dices hermana?¡ Los aldeanos, son trabajadores y honestos, los he visto en mis visiones, y los reyes son las personas más nobles y sencillas que he visto-decía metáfora- sin poder entender como su hermana hacia esas acusaciones
-te probare de lo que hablo hermana, son las personas más vengativas y crueles –decía Anáfora abandonando la cabaña pantanosa, con furia implacable
Anáfora se fue al pueblo, cambio su apariencia haciéndose pasar por una anciana y se dirigió a una de las muchas cabañas bien establecidas de todo el lugar, toco fuertemente hasta que la recibió una señora de delantal manchado, y sonrisa desteñida
-dime ¿en qué te puedo ayudar?-dijo la señora poniendo su mejor sonrisa
-disculpe señora, me permite entrar en su estancia, estoy algo cansada, he caminado mucho y quiero descansar-decía Anáfora mintiendo, esperando que no la recibiera en su cabaña
-por supuesto pasa –decía la señora apartándose de la puerta y dándole espacio a Anáfora para pasar
Anáfora desconcertada esperaba que no fuera solidaria la señora y la dejara pasar pero igual pasó y se sentó en uno de los sillones de la estancia, planeando que más hacer para demostrarle a su hermana que está equivocada con los aldeanos
-¿quieres que te traiga algo?-pregunto la señora, mirándola con bondad
-no, pero le importaría si me quedo hoy aquí, no tengo a donde ir –dijo Anáfora, con un plan en mente
-claro no hay ningún problema -dijo la señora
-me quedare, y luego me iré –decía Anáfora –si me disculpa necesito dormir, estoy cansada
-de acuerdo, llámame si me necesitas-decía la señora desapareciendo de la estancia
Esa noche Anáfora se encargó de dañar la casa por completo, de matar a los animales, de quemar los objetos de valor y de hacer robar algunas cosas de la cabaña.
Anáfora salió de la cabaña y espero en un arbusto escondido, para ver su obra maestra, la cabaña estaba arruinada, desprendía humo y expulsaba fuego, “este es el mejor plan, seguro que se vengara “decía Anáfora 
La señora salió de la cabaña inestable, con un niño en sus brazos y su marido, que la abrazaba para que no se cayera
-¿quién crees que hizo esto?-decía su marido furioso
-fui yo-decía la señora-me descuide y no apague las brasas de la chimenea. Todo es mi culpa
-de acuerdo. No importa, buscare a alguien que nos dé posada, mientras tanto descansa-decía su marido dejándola en el suelo, y desapareciendo de la zona
Anáfora estaba perpleja y a la vez enojada, que no se lo pensó dos veces y volviendo a ser ella misma, avanzó a grandes zancadas hacia donde la señora y le grito:
-qué te pasa, te he destruido la casa, te he mentido, casi te asesino a ti, a tu hijo y a tu esposo por no decir que he robado varias cosas de tu casa y que haces te echas la culpa de todo, la verdad no lo entiendo-decía Anáfora sentándose cerca de la señora, con los brazos cruzados, roja de la rabia-esta era una prueba, se suponía que le demostraría a mi hermana que tan vengativos y crueles pueden llegar a ser los aldeanos
Se quedaron las dos en un silencio sepulcral, Anáfora pensaba en irse, hasta que la señora se acercó a ella y el abrazo
-y ahora me abrazas no lo entiendo-decía Anáfora, con lágrimas en los ojos
-no te puedo negar, que varios aldeanos no sean vengativos y crueles-decía la señora mirándola a los ojos con ternura-pero también existe gente buena como yo, que no es rencorosa, ni tampoco cruel y que te entiende, sé que eres la vidente del bosque encantado
-¿Cómo lo sabes?-decía Anáfora
-hay una historia sobre dos hermanas videntes, una de ellas solo veía los acontecimientos malos, sé que eres tú por tú forma de pensar pero, acuérdate de algo la oscuridad existe, pero siempre habrá esa luz en las tinieblas que dará una esperanza al perdido
Desde ese día Anáfora lo entendió todo, ayudo a la señora a volver a hacer su casa, y regreso al bosque encantado, a contarle a su padre y a su hermana de lo que le había pasado, aprendiendo la lección de que como hay personas malas, también hay persona buenas, con buenas intenciones y ánimos de ayudar.
Fin
DANIELA SANCHEZ SABOGAL 9°

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