Muchachos, el cuento es el inglés / Voy y Vuelvo


Foto: Archivo particular
Cientos y cientos de oportunidades se pierden a diario por no dominar una segunda lengua.

Los padres de familia deben esforzarse para que sus hijos aprendan otro idioma.
El rector de un colegio público fue notificado de la visita que le haría el Ministerio de Educación Nacional con un grupo de formadores nativos (extranjeros) para dar inicio a un programa de bilingüismo en la institución a su cargo. Sin embargo, el rector no apareció el día de la visita, ni la semana siguiente, ni la otra. Cuando al fin retornó y le preguntaron el motivo de su ausencia, confesó: “Es que yo no sé inglés y me dio vergüenza”.

Esta es apenas una de las muchas anécdotas que se conocen desde que el Gobierno, en cabeza de la ministra de Educación, Gina Parody, dio inicio a un ambicioso plan de impulsar el aprendizaje del inglés en el país y, particularmente, en los colegios oficiales.
Parody ha sido terca, obsesiva y apasionada con el tema. Como debe ser. Quienes somos padres de familia sabemos de lo que habla: hijos que no dominen una o dos lenguas adicionales a la materna están condenados a ver que se les cierran oportunidades para su desarrollo personal y profesional.
Para decirlo claro: en un mundo cada vez más interconectado, más globalizado, en donde las barreras para acceder al conocimiento se superan solo con hacer clic, el inglés deja de ser una opción y se convierte en una obligación. Porque, gústenos o no, es la lengua universal por excelencia y solo a través de ella es posible estar a la vanguardia del conocimiento en muchas materias. Incluidos los videojuegos, o si no, pregúntenles a sus hijos.
Sorprende que el esfuerzo que se adelanta en este sentido no ocupe las primeras páginas de los diarios ni de los informativos. En este momento hay 600 formadores enseñando inglés en 350 colegios oficiales del país, lo que permite beneficiar a 176.000 estudiantes y, de paso, a 1.300 docentes. Puede sonar a poco, teniendo en cuenta que en Colombia, según cifras oficiales, apenas el 1 por ciento de los estudiantes de planteles públicos alcanzan un nivel óptimo de inglés. De ahí que cualquier esfuerzo que se haga en ese sentido resulte fundamental si queremos ser una nación que se inserte en el mundo moderno, es decir, que innove y salga adelante.
Cientos y cientos de oportunidades se pierden a diario por no dominar una segunda lengua. En becas, cursos, viajes, maestrías, intercambios culturales y demás. Muchos negocios se frustran por el mismo motivo. En las economías asiáticas, las autoridades ya no solo evalúan las condiciones académicas de sus estudiantes en áreas como las matemáticas, sino el número de idiomas que son capaces de dominar.
El privilegio de aprender esa segunda lengua en Colombia es de pocos. Y especialmente se da en colegios de élite. El grueso de los profesores de instituciones públicas tampoco domina el idioma y ese es otro factor que incide drásticamente en la formación de niños y jóvenes para que dominen una segunda lengua. La alternativa entonces es la formación integral, con el apoyo del Gobierno y una clara disposición de los colegios, rectores, profesores y alumnos, para hacer del aprendizaje del inglés una obsesión sin tregua.
Los campos de inmersión bilingüe, tanto a nivel nacional como internacional, son otra novedad. Crear espacios y ambientes en los que los muchachos solo mantienen comunicación en inglés es absolutamente clave para avanzar en el proceso. O que lo digan los jóvenes que han contado con este privilegio gracias al esfuerzo de sus padres o de sus colegios. Sorprende que Bogotá solo tenga un colegio, el José Acevedo y Gómez, participando en los campos nacionales con 32 estudiantes. ¡Deberían ser muchos más!
Resulta emocionante ver en redes sociales al grupo de 100 pelados que este año han viajado a campos de inmersión a distintas ciudades de Estados Unidos. Lo hacen por un mes, conectados cien por ciento con la cultura y la enseñanza en ese idioma. ¿Saben ustedes cuándo hubieran podido tener esa posibilidad en condiciones normales? ¡Nunca! El Gobierno invierte en cada uno de ellos 12 millones de pesos para financiar la experiencia y son escogidos entre los colegios oficiales de mejor desempeño. Por Bogotá viajaron estudiantes del Liceo Patria, Liceo Colombia y el Técnico Central de la Salle.
Estamos lejos, muy lejos de alcanzar los estándares de las economías asiáticas. Y aún de los países de la región, un lujo que no podemos darnos. Bogotá, por ser capital y contar con buena parte de la oferta escolar de élite, ocupa el primer lugar en bilingüismo, pero el grueso de su población estudiantil carece del dominio perfecto del inglés.
Quiero, para finalizar, compartir una reflexión personal. Hace muchos años le escuché al alguien decir –a propósito de la obsesión que les entra a los jóvenes por empezar una carrera tan pronto terminan el colegio– lo siguiente: estudiar una profesión se hace en cualquier momento de la vida, aprender inglés u otro idioma no. Yo, como padre de familia, me obsesioné con mis hijos por lo segundo.
El esfuerzo del Gobierno es titánico y hace falta una dosis similar por parte de colegios y familias. No hablamos de cualquiera cosa, hablamos de condenar o no condenar a los nuestros a acceder al conocimiento por el resto de sus vidas.
ERNESTO CORTÉS FIERRO - Editor jefe de EL TIEMPO - erncor@eltiempo.com

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