¿QUÉ LEEN LOS JÓVENES?


     Estudiantes del Colegio Rafael Delgado Salguero en Bogotá. Foto: Carlos Julio Martínez.
Las lecturas de los millennials

Algunos se limitan a lo que les piden en el colegio y otros exploran en sus casas, en las bibliotecas o en Internet. ¿De quién depende que estos mundos se encuentren?

“Si usted pone en una mesa un celular y un libro, ¿qué es lo primero que va a coger?”. El experimento lo propone Yadir Rodríguez, estudiante de décimo grado del Colegio Rafael Delgado Salguero, en la localidad Rafael Uribe Uribe de Bogotá. La respuesta la da él mismo: “la gente normal cogería el celular, ¿no? Se va a distraer más y ahora todos se enfocan más en la tecnología”. El comentario de Rodríguez surge en medio de una conversación en la que él cuenta qué lee dentro y fuera del colegio, qué le interesa, qué le gusta a sus compañeros y, sobre todo, por qué no se leerá más en este país.
Se dice que en Colombia no se lee y, a veces, no pocos sentencian que los jóvenes leen menos. Acabemos con el mito. Los jóvenes leen más libros que el promedio de la población, lo dicen las cifras y lo explican los expertos. Según la más reciente encuesta de consumo cultural del DANE (2014), cuando le preguntaron a los mayores de 12 años si habían leído en formatos físicos o digitales en los últimos 12 meses, el 87,4 por ciento de los encuestados entre 12 y 25 años dijo que sí. El porcentaje se reduce al 81,4 por ciento en el rango entre los 26 y 40 años, baja al 75,4 por ciento de ahí hasta los 64 años y el 63,5 por ciento de los mayores de esa edad dicen haber leído en cualquier formato. Ahora, si se trata de libros físicos únicamente, las diferencias son más marcadas. En el rango de los más jóvenes, el 64,5 por ciento dijo haber leído al menos un libro en el último año, pero de las personas entre 26 y 40 años, apenas el 44,7 por ciento de los encuestados dio la misma respuesta.
Para Ana Roda, directora de la división de Lectura y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, la explicación es sencilla. Siempre y cuando los jóvenes estén estudiando, los hábitos de lectura se mantendrán por arriba del promedio de la población. Cuando una persona empieza a trabajar, leerá menos porque tiene menos tiempo y, dependiendo de la actividad, la lectura puede dejar de ser importante para sus actividades diarias. La caracterización de usuarios de la Biblioteca Nacional de Colombia, por ejemplo, dice que la mayoría de las personas registradas, el 69,11 por ciento, son estudiantes.
Pero buscar qué están leyendo esos jóvenes es una tarea más difícil. Hay, al menos, dos caminos. Se puede rastrear lo que leen a partir del Plan Lector que establece el Ministerio de Educación Nacional, y que cada institución educativa adopta de acuerdo a sus intereses y capacidades, o bien hay que indagar por sus intereses en espacios más abiertos como las bibliotecas públicas, las librerías, los hogares o los sitios no tradicionales (como los parques o las estaciones de Transmilenio). En cualquier caso, apunta Pedro Pulido, asesor de formación de Fundalectura, la respuesta estará lejos de cualquier certeza o generalización. “La lectura en los jóvenes no es un asunto homogéneo, sino que tiene una serie de aspectos socioculturales y socioeconómicos que hay que tener en cuenta”, explica Pulido.
Un mosaico de rostros
Yadir Rodríguez parece una persona tímida. Se nota que habla poco, su voz se oye tenue, pero sus palabras son certeras. Tiene cuatro hermanos, dos mayores y dos menores, y aunque en poco más de un año terminará el bachillerato, no tiene claro qué quiere hacer después del colegio. “De pronto estudiar música”, contesta, pero como por responder cualquier cosa. Dice que hace poco leyó Cien años de soledad y algunas cosas de H. P. Lovecraft, el cuentista de terror estadounidense que ha inspirado decenas de series y películas de este género. Su profesor de literatura se llama Manuel Chamorro y les pide que propongan temas para leer en clase. Él quería algo de mitología, poesía o videojuegos. Al final se impuso la primera.
Al otro lado de la ciudad, en el Liceo de Cervantes Norte, en la calle 153 con autopista, Sebastián González lee Juego de tronos, en su casa, porque en clase el profesor Diego Contreras les acaba de asignar Edipo Rey. Del primero dice que le gusta la aventura, el suspenso y los juegos de poder, del segundo dijo poco porque no lo ha empezado cuando le preguté por él. González está en undécimo y dice que quiere estudiar Artes Visuales, que en su casa siempre lo incentivaron a leer, que le gusta porque “ayuda a abrir la mente y tener nuevas ideas” y que uno de los textos que más recuerda de su paso por el bachillerato es La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. “Porque es realista, duro y tiene buenos personajes”, añade.
Rubén Camargo, encargado de los grados décimos y de un séptimo en el Cervantes, dice que es difícil ceñirse al plan lector pero añade que, ante todo, ellos deben ser recursivos. Los pone a leer los textos que corresponden al plan lector, pero además les pide que propongan otros. Los más pequeños leen libros distintos y los exponen en clase, mientras los que están próximos a graduarse muestran menos interés.
Pero más allá de estos casos particulares, el analista de Fundalectura explica que sí han visto cómo, a partir de los 13 años, “los chicos están en una edad que quieren explorar más sus relaciones sociales. Y leer, como nos lo han planteado tradicionalmente, es un ejercicio solitario”.
Añade Pulido que “la influencia historiográfica para organizar la literatura en los Colegios genera un montón de problemas”.  Así, por norma del Ministerio y en términos generales, los jóvenes deben leer literatura colombiana en octavo, precolombina en noveno, siglo de oro español en décimo y clásicos greco-latinos en undécimo. En el camino, sobre todo en los últimos años, los profesores buscan la manera de traer autores más contemporáneos sin salirse mucho de los estándares. Ahí es cuando proponen los libros de sagas como las de Los juegos del hambre, Crepúsculo o Juego de Tronos. En las aulas, por lo general, no queda espacio para otras propuestas que para ellos son interesantes como las novelas gráficas o el anime.
Andrea Loeber, encargada de la línea infantil y juvenil de Planeta, afirma que si se trata de tendencias, la de Crepúsculo ya pasó, la de los Juegos del hambre va en caída y la de Juego de tronos también. En general, dice, "las distopías ya pasaron de moda y las siguientes tendencias puede que se encuentren en la ciencia ficción o el fantasy". Hay además un auge en cierto tipo de ficción que han impuesto los booktubers y que también gira en torno a temas como el romance o áreas de no ficción como la moda, los estilos de vida o la belleza. Toda esta información la obtienen a partir de sus cifras de ventas, pero no hay un estudio que oriente qué hace que se inclinen por unos temas u otros. 
Pero en general, todas estas lecturas contrastan con los planes de los colegios. Y por eso se quejan algunos profesores, los padres de familia y no pocos estudiantes. Se dice que se aleja a los jóvenes de la literatura cuando a tan temprana edad los hacen leer el Cantar de mio Cid, El Quijote o el Popol Vuh. ¿Los libros tienen restricciones de edad? En general, las personas consultadas para este artículo dicen que no, y es en este punto que el papel de los profesores es crucial.
“Uno tiene que estar muy consciente de lo que está haciendo, hay que conocer un libro antes de proponérselo a los estudiantes. Si uno lo empieza a leer al tiempo con ellos, no sabrá qué sigue y no podrá proponer cómo abordarlo”, explica Camargo y añade que si se busca con atención, es posible encontrar elementos de El Quijote que sean familiares para el contexto de los estudiantes.
Algunos de los analistas afirman que uno de los obstáculos para incentivar la lectura es el acceso a los libros. En la imagen, la biblioteca de las tres sedes del Colegio Rafael Delgado Salguero. Foto: Carlos Julio Martínez.
Construir puentes
Dice el asesor de formación de Fundalectura que los maestros deben ser “mediadores” para presentar los libros a los jóvenes e incentivarlos a leerlos. En otras palabras, deben ser creativos en extremo. Y para eso hace falta encontrar la literatura o los temas para leer en las cosas que les gustan. Pulido les llama “relaciones intertextuales”.
“El anime es una cosa impresionante en cómo tiene unas referencias literarias fuertísimas. Hay una serie de manga que a mí me gusta mucho que se llamaFullmetal Alchemist y en un capítulo, un asesino se echa todo el monólogo del loco de Guy de Maupassant”, cuenta Pulido. Esta serie animada, creada por la japonesa Hiromu Arakawa, cuenta la historia de una pareja de hermanos que, tras fracasar en el intento por resucitar a su madre por medio de la alquimia, ven afectados sus cuerpos. Alphonse, el menor, pierde su cuerpo y Edward, el mayor, sacrifica su brazo para mantener el alma de su hermano dentro de una armadura. Este personaje, dice Pulido, está inspirado en la armadura vacía deEl caballero inexistente de Ítalo Calvino.
El punto de muchos analistas es que aún queda por conciliar muchos elementos para acercar a los jóvenes a la lectura o a otros tipos de lectura. Añade Pulido que hay imaginarios sociales que inciden en la forma de ver los libros. “Ciertos lectores de libros clásicos señalan a los que leen sagas como las de Harry Potter, los consideran freaks, y estos, a su vez, señalan a los que no leen porque los consideran inferiores. Entonces ese juego con las representaciones sociales y con los guetos que se van armando empieza a generar un montón de conflictos frente a la lectura”, sentencia Pulido.
Manuel Chamorro, profesor del Rafael Delgado Salguero desde hace más de 20 años, hace su propio esfuerzo. “La lectura que hemos desarrollado va más allá del texto escrito. Sino que también leemos las imágenes, como pinturas, grafitis o comerciales. Todo lo deciden los estudiantes”, cuenta el licenciado en inglés y español de la Universidad de Nariño. Dice que no se limita por los lineamientos del Ministerio porque, “hay que tener cierta claridad sobre qué buscan los estándares, pero a veces se olvidan del contexto. Lo que trato de estudiar es esa realidad pero fundamentada en que el estudiante sepa leer y producir textos, que es en últimas lo que los estándares buscan”, dice el maestro.
Ahora, por ejemplo, están trabajando con un formato que se ha popularizado en internet conocido como creepypastas (neologismo derivado de la unión de las palabras en inglés creepy, de terror, y copypaste, copiar y pegar). Los jóvenes crean una historia de terror, le añaden música, imágenes y voces con efectos para generar miedo y las suben a YouTube. Antes de escribir un cuento, explica el profesor, los jóvenes deben leer lo suficiente para saber de otros referentes y buscar elementos que las hagan creíbles. Y con tanta variedad de medios y recursos, personas como Chamorro o Pulido se preguntan si las estadísticas que dicen que en Colombia se leen en promedio 1,9 libros al año no resultan insuficientes para ilustrar qué tanto se lee.
El DANE, para ofrecer otra perspectiva, dice en la encuesta de consumo cultural de 2014 que las “personas de 12 años y más que afirmaron saber leer y escribir y que [en la encuesta dijeron que] leyeron libros” leen en promedio 4,2 libros al año. "Al observar el número de libros leídos por parte de la población lectora, se encuentra que el 83,3% leyó entre 1 y 5 libros en los últimos doce meses, el 7,7% de 6 a 9 libros y el 8,9% 10 libros y más", agrega el documento.
Ana Roda explica que ese indicador es universal y sirve para compararse con otros países, por eso no se puede prescindir del “número de libros al año”, pero que el debate está por darse. “Soy entusiasta de las nuevas formas de comunicación y de acceso a la información que se han abierto con las tecnologías. Sin embargo, sigo pensando que, sin importar si se hace en soporte digital o físico, la lectura extensa de un texto, literario o no, la lectura concentrada, es una forma única de disfrutar la libertad de pensar, de sentir, de conocer y de aprender”.
La tecnología –no podía faltar– está jugando un rol central en los gustos de los jóvenes y la conclusión de los analistas es que, si se busca que les guste leer, hay que saber usar los nuevos medios para lograrlo. Así, en un futuro, se podrá decir del ejemplo de Yadir que sí, que seguramente las personas escojan el celular, pero es probable que lo cojan para leer.

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