Detrás de la pizarra. Reflexiones.

By Melisa Patiño Correa
Hace unos días vi esta película que me dejó sumamente conmovida. No es raro que la situación de estos personas, unos niños que viven en la calle, nos conmueva a todos. Pero lo que más me llegó al corazón fue la actitud de esta hermosa profesora que usa toda su creatividad y lo mejor de sí misma para realizar una labor inolvidable.



Queridos profesores, nosotros que compartimos esta misión tan hermosa de tener tantas vidas en nuestras manos a lo largo de toda nuestra vida, quiero invitarlos hoy a que compartamos algunas enseñanzas que ella nos deja.

1. El gran amor por la profesión, que en nuestro caso es una vocación. Al inicio de la película nos muestran a una pequeña niña que por sus grandes maestros se enamora de esta profesión. Toma otras decisiones en su vida, que hacen que por un tiempo no le sea posible estudiar y que cuando puede hacerlo, le tome más tiempo de lo normal, pues debe atender a sus dos hijos. Sin embargo, ella nunca renuncia a lograrlo porque lo que siente en el corazón, es un deseo inmenso de ser ella también como su maestra. 

El trabajo que desempeña en la película, es su primer trabajo. Observamos toda la ilusión con la que recibe la noticia y cómo pasa toda la noche realizando las planeaciones. Al llegar se encuentra con un colegio que funciona en una casa refugio en el que no cuentan con libros, cuadernos... ni siquiera con unas sillas o escritorios decentes. Por no decir que muchos padres de familia no entienden qué deben hacer sus hijos y continuamente los sacan de clase. A pesar de esta situación tan adversa, ella da todo de sí para poder realizar su labor: invierte de su propio dinero y tiempo, conversa incansablemente con todas las personas que pueden brindarle una ayuda, utiliza los pocos recursos que tiene para que sus estudiantes puedan llegar a tener unos aprendizajes significativos. Ella no se deja vencer por los obstáculos que son muy reales, porque lo que siente en su corazón es un profundo amor por su vocación.

2. La recursividad. Ya lo he mencionado brevemente, pero quisiera ahondar más en este punto. Al llegar a esta escuela el primer día, la profesora se encuentra un refugio que no tiene ni siquiera sillas o escritorios propios para el aprendizaje. Es cierto que ella busca que sus superiores le colaboren dándole los materiales necesarios y efectivamente así es más adelante. Pero antes de que esto suceda, ella trabaja arduamente con lo que tiene: pinta el lugar, usa las paredes como murales para poder poner materiales que ella misma diseña o que realiza con los niños, utiliza las mismas vivencias de los niños. 

La enseñanza y los aprendizajes significativos no deben depender de los materiales que tenemos en el colegio en el que trabajamos, dependen del corazón que nosotros le ponemos a lo que hacemos y de cómo sabemos utilizar todo lo que tenemos a nuestro alrededor para que los niños aprendan.

Y para los profesores que nos encontramos en un colegio que tiene más recursos materiales, debe ser un llamado aún más fuerte a nuestra conciencia para hacer de nuestras clases una experiencia transformadora.

3. Involucrarse con los estudiantes. Siempre lo he dicho y he tratado que sea la regla principal de mi labor como docente: no soy sólo profesora de matemáticas, ciencias, español o lo que sea que me asignen. Soy formadora de la persona que Dios ha puesto en mis manos por un período de tiempo determinado y para hacerle un bien a esa persona tenemos que conocerlos, conversar con ellos, saber de sus familias... y todo esto implica sufrir con ellos sus tristezas. Creo que lo más duro de ser profesor es cuando uno ve las tristezas y las dificultades que sufren sus alumnos y las padece con ellos. Pero esta es la única forma en que realmente podremos ayudarlos.

En la película veíamos como esta profesora miraba los problemas de los niños e iba más allá, llevándose a una alumna a vivir a su casa mientras su padre encontraba un lugar en el cual vivir, enseñándole a una madre a leer, conociendo las cualidades y dotes personales de sus alumnos para potenciarlos por ese lado.

Quiero animarlos a todos, querido profesores, a que tomemos esta hermosa misión como un tesoro que Dios nos ha dado para hacerle mucho bien a todas las personas que pasan por nuestras vidas. Que realmente tomemos nuestra profesión como una vocación y que nos involucremos profundamente en la vida de nuestros estudiantes para poder llegar a transformar sus vidas.

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