El psicólogo del colegio

Por AMAIA URIZ

Responsable de la orientación educativa y profesional, también atiende las demandas de las familias y del profesorado

Desde hace tres décadas, los psicólogos de los centros escolares realizan tareas de orientación educativa y profesional asignadas a los equipos y departamentos de orientación, pero su trabajo no se limita a este ámbito. Dan respuesta a las demandas de las familias y del profesorado sobre aspectos psicológicos que inciden en la adaptación personal y social, en el rendimiento del alumno y en la respuesta educativa.

La figura del psicólogo escolar en los centros comenzó a implantarse hace 30 años. En la actualidad, está regulada por la Ley Orgánica de Educación, que regula en el artículo 157 los "servicios o profesionales especializados en la orientación psicopedagógica y profesional". Aunque comparten departamento con otros expertos capacitados para ejercer como orientadores, en determinadas facetas y estadios la intervención recae sólo en el psicólogo educativo.

Funciones

Los psicólogos son los profesionales que están autorizados, y capacitados, para prevenir y detectar problemas de salud mental entre los escolares. A instancia del tutor o de los padres, han de velar por la detección temprana de trastornos del desarrollo. Entre sus funciones destaca la evaluación psicológica de los estudiantes mediante instrumentos y técnicas psicológicas específicas, de las que siempre informa previamente a los padres. A estos les entrega el informe psicológico.

La importancia de contar con un psicólogo en un centro escolar estriba en que está preparado para diagnosticar con argumentos científicos estados psíquicos particulares, como el retraso madurativo, el déficit de atención o la sobredotación intelectual. Determina trastornos de comportamiento y de las emociones y otros específicos del aprendizaje. Además, interviene cuando proceda para buscar soluciones con alumnos con discapacidades sensoriales y motoras.

El psicólogo es también el profesional capacitado para proceder a la intervención con alumnos o con grupos en situaciones de conflicto: violencia escolar, acoso o conductas agresivas. Ejercen de asesores del profesorado en el manejo del grupo, de las familias y de los alumnos sobre los problemas y procesos psicológicos que afectan al aprendizaje, como los trastornos del sueño y los trastornos de la alimentación.

Una de sus funciones más demandadas y resolutivas es el asesoramiento a familias, a profesores y a los alumnos que han estado expuestos a situaciones traumáticas: fallecimiento de un familiar, malos tratos, abuso sexual, catástrofes, etc. En estas ocasiones, su intervención temprana es crucial para derivar al escolar a un profesional externo que cuente con más tiempo y más medios. A pesar de su importancia, el número de psicólogos escolares es muy escaso.

La actuación del psicólogo, dos casos

Marina es una niña de cuatro años que está en segundo de infantil. En clase se muestra tímida, no escucha, no contesta a su profesora y comienza a demostrar retraso de aprendizaje respecto a sus compañeros, que ya reconocen las vocales. Ella no. Sin embargo, destaca en su trabajo manual y en el dibujo hasta el punto de que, con gran habilidad, copia las fichas del compañero de mesa que sabe más capaz. Algo ocurre. Descartado un problema auditivo o visual, el protocolo del centro escolar se pone en marcha: hay que conocer qué sucede con esta alumna. Con el consentimiento expreso de sus padres, el psicólogo la observa en su aula y en el departamento de orientación examina sus respuestas a diversos test. El diagnóstico describe retraso madurativo, no descarta sobredotación intelectual pero sí déficit de atención. El psicólogo concluye que por el momento no es necesario intervenir, pero pauta un nuevo análisis antes de que finalice el curso.

Fernando fue un niño superdotado que estudió la EGB en los años setenta. Entonces el psicólogo no entraba en los centros escolares y la certificación de su inteligencia superior le llegó cuando, al poco tiempo de cumplir 20 años, la curiosidad le llevó a superar sin problema el test Mensa. A pesar de tener una capacidad extraordinaria con las matemáticas y con la física, Fernando suspendió selectividad y tuvo que resignarse a estudiar una carrera que él nunca hubiera elegido. Hoy no duda de que la ayuda de un psicólogo le hubiera conducido a aprovechar su talento, que se quedó por el camino.

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