De lo que siembres recoges…

Padre Juan Carlos García - Capellán

Los seres humanos somos sembradores: cada acto es una siembra que hacemos en el corazón de los demás. Siembras alegría con una sonrisa, un detalle, una caricia y una palabra amable. Siembras tristeza con un rostro huraño, el malhumor o un agravio. Todo lo que sembramos tiene, consciente o inconscientemente, un mismo objetivo: alcanzar la felicidad; aunque en muchas ocasiones se cause el efecto contrario.



Hay más felicidad en dar que en recibir, y esto es absolutamente cierto. La felicidad no está como un ente fuera de nosotros, se hace patente, sensible, cuando damos, cuando compartimos, cuando amamos. Por eso si quieres ser feliz, aprende primero a dar y a amar. Y aprende de las cosas simples y sencillas que quizá puedan servirte. Para ser feliz y dar felicidad, dedícate a esparcir semillas de fe, esperanza y amor, en todos los corazones. Con una simple mirada llevas júbilo al afligido, con una voz de estímulo animas al abatido.

Las vidas cargadas de sentido son aquellas que se abren a los demás para sembrar en los otros lo mejor de sí mismos. Cuanta gente millonaria, famosa anhela la felicidad. Decía Anthony Queen: “Las primeras palabras que dije en mi vida, fueron: tengo hambre; ahora tengo setenta y seis años y sigo diciendo lo mismo, tengo hambre pero no de pan, sino de felicidad, FELICIDAD AUTÉNTICA”. ¿Por qué no te arriesgas a sembrar en otros la felicidad que anhelas para ti? No se trata de grandes cosas. El primer astronauta que fue a la luna era consciente que un paso pequeño suyo, era un gran paso para la humanidad, y decía:“doy un paso pequeño, pero es un gran paso para la humanidad”.

Quien siembra alegría, cosecha felicidad. No obstante, hay quien prefiere sembrar tristeza y cosechar amargura, plantar discordia y cosechar soledad, sembrar vientos y cosechar tempestades, plantar ira y cosechar enemistades, Plantar injusticia y cosechar abandono. Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor. Que podamos escoger siempre las mejores, para que al recibir la dádiva de la cosecha justa, tengamos siempre motivos para agradecer.

Los males que lamentas en la sociedad, cambian con actos de amor, no con críticas o con quejas. Si eres paciente y cultivas con bondad, las semillas producirán buenos frutos en un mundo sediento de paz. Los padres siembran lo mejor en sus hijos, si armonizan amor y firmeza y evitan cantaletas y actitudes egoístas. Sufren y hacen sufrir, cuando tratan como niños a jóvenes ya formados para tomar sus propias decisiones. Los hijos, por su parte, necesitan dar esa comprensión que tanto exigen.

0 Comentarios :

El comentario debe estar relacionado con la publicación.
Se hará visible una vez sea aprobado.

Copyright © 2016 - 2017 Colegio Santísima Trinidad