En su Mensaje Pascual Benedicto XVI pide: “Justicia, verdad, misericordia, perdón y amor”

(www.ssbenedictoxvi.org) - CIUDAD DEL VATICANO. A las 12:00 horas de este Domingo de Resurrección, desde el Balcón Central de la Basílica Vaticana, el Santo Padre Benedicto XVI envió su tradicional Mensaje de Pascua e impartió la Bendición “Urbi et Orbi” a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y a cuantos seguían la transmisión a través de la radio y de la televisión.

S.S. Benedicto XVI dijo en su Mensaje “A todos vosotros dirijo de corazón la felicitación pascual con las palabras de San Agustín: «Resurrectio Domini, spes nostra», «la resurrección del Señor es nuestra esperanza». Con esta afirmación, el gran Obispo explicaba a sus fieles que Jesús resucitó para que nosotros, aunque destinados a la muerte, no desesperáramos, pensando que con la muerte se acaba totalmente la vida; Cristo ha resucitado para darnos la esperanza”.

“En efecto, una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre es precisamente ésta: ¿qué hay después de la muerte? Esta solemnidad nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna. Este anuncio está en el corazón del mensaje evangélico”.

“(...) La resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «pascua», su «paso», que ha abierto una «nueva vía» entre la tierra y el Cielo. No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible”.

“El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos. Me refiero particularmente al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, el «vacío» acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria. Pero, precisamente hoy, irrumpe con fuerza el anuncio de la resurrección del Señor, que responde a la pregunta recurrente de los escépticos, referida también por el libro del Eclesiastés: «¿Acaso hay algo de lo que se pueda decir: "Mira, esto es nuevo?"». Sí, contestamos: todo se ha renovado en la mañana de Pascua. «Mors et vita / duello conflixere mirando: dux vitae mortuus / regnat vivus» - Lucharon vida y muerte / en singular batalla / y, muerto el que es Vida, / triunfante se levanta. Ésta es la novedad. Una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió a lo santos. Así, por ejemplo, le ocurrió a San Pablo (...) Saulo de Tarso, el perseguidor encarnizado de los cristianos, encontró a Cristo resucitado en el camino de Damasco y fue «conquistado» por Él”.

“(...) Si es verdad que la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, sin embargo quedan todavía muchos, demasiados signos de su antiguo dominio. Si, por la Pascua, Cristo ha extirpado la raíz del mal, necesita sin no obstante hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor”. Este es el mensaje que S.S. Benedicto XVI llevó al Continente Africano en su reciente viaje a Camerún y Angola.“África sufre enormemente por conflictos crueles e interminables, a menudo olvidados, que laceran y ensangrientan varias de sus Naciones, y por el número cada vez mayor de sus hijos e hijas que acaban siendo víctimas del hambre, la pobreza y la enfermedad. El mismo mensaje repetiré con fuerza en Tierra Santa”.

“(...) La indispensable reconciliación, es premisa para un futuro de seguridad común y de pacífica convivencia, no se hará realidad sino por los esfuerzos renovados, perseverantes y sinceros para la solución del conflicto israelí-palestino. Luego, desde Tierra Santa, la mirada se ampliará a los Países limítrofes, al Medio Oriente, al mundo entero. En un tiempo de carestía global de alimentos, de desbarajuste financiero, de pobrezas antiguas y nuevas, de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver la esperanza. Que nadie se arredre en esta batalla pacífica comenzada con la Pascua de Cristo, el cual, lo repito, busca hombres y mujeres que lo ayuden a afianzar su victoria con sus mismas armas, las de la justicia y la verdad, la misericordia, el perdón y el amor”.

“(...) La resurrección de Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia proclama hoy esto con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta”.

Al finalizar el Mensaje de Pascua y antes de impartir la Bendición “Urbi et Orbi” el Papa Benedicto XVI envió sus saludos a los pueblos y naciones en 63 lenguas (Italiano, Francés, Inglés, Alemán, Español, Portugués, Nerlandés, Luxemburgués, Griego, Albanés, Rumano, Húngaro, Polaco, Checo, Eslovaco, Croata, Esloveno, Servio, Servio-lusacio, Búlgaro, Macedonio, Bielorruso, Ruso, Mongol, Ucraniano, Lituano, Letonio, Estonio, Sueco, Finlandés, Irlandés, Romanés, Maltés, Turco, Georginano, Árabe, Etiópico-eritreo, Hebreo, Arameo, Armeno, Suahili, Kirundi y Kinyarwanda, Malgascio, Hindi, Tamil, Malayo, Bengalés, Birmano, Urdu, Chino, Japonés, Coreano, Vietnamita, Singalés, Tailandés, Camboyano, Indonesio, Filipino, Maori, Samoano, Esperanto, Guaraní y Latín). 

Este fue su saludo en español:

“Os deseo a todos una buena y feliz fiesta de Pascua, con la paz y la alegría, la esperanza y el amor de Jesucristo Resucitado”.

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