Algunos colegios ya iniciaron clases y hay otros que están próximos a iniciar, estos consejos ayudarán a que tus hijos tengan un excelente regreso a clases.









Por MARTA VÁZQUEZ REINA


Orientar a un niño desde pequeño a manejar el dinero le aportará una importante base para que se convierta en un adulto mejor cualificado para gestionar sus finanzas.



Enseñarle a ahorrar y el valor de las cosas y del trabajo es la forma más fácil de fomentar buenos y duraderos hábitos respecto al dinero. La instrucción debe comenzar cuando los niños están en una edad temprana, y debe ser reforzada a medida que van creciendo. La clave del éxito está en darles oportunidades de manejar dinero, adecuadas a su edad, y usar esas ocasiones para guiar su comportamiento en la forma deseada.

La primera base para inculcarle a un niño el valor del dinero empieza por no darle todo lo que pida, es la mejor manera de que entienda que las cosas tienen un valor. Antes de que esté preparado para recibir sus primeras pagas se le puede ir enseñando qué es el dinero, para qué sirve y de dónde proviene.

Sentarse con el niño y explicarle la diferencia entre monedas y billetes y el valor que tiene cada uno. Una buena manera de llevar a la práctica esta enseñanza es dejándolo que pague directamente pequeñas compras como el pan o el periódico, así aprenderá el coste de las cosas y a recibir las vueltas.

Llevarlo a la compra y verbalizar las opciones y comparaciones de precios en voz alta ayudará al niño a entender el valor de las cosas. Es importante explicarle por qué se ha elegido una marca en vez de otra, con ello se le está enseñando a comprar lo más adecuado en la relación precio-calidad.

Las transacciones electrónicas hacen que hoy en día sea más difícil que los niños vean el dinero cambiar de mano en mano, por eso es importante explicarles también qué es una tarjeta de crédito o débito y cómo se usa. Se puede llevar al niño al cajero y contarle de dónde sale ese dinero que está ahorrado en una cuenta del banco y proviene del trabajo realizado, y cuando vean que se paga con una tarjeta de crédito, es necesario explicarle que ese artículo que se está comprando se pagará más adelante cuando llegue el cargo a la cuenta del banco.

El ahorro

Desde muy pequeños se puede proporcionar a los niños una hucha para que vayan metiendo mínimas cantidades que se le pueden ir dando esporádicamente, abrirla cada cierto tiempo y comprarle un pequeño obsequio para que vaya conociendo las primeras nociones de ahorro. Una vez que los niños han aprendido a sumar y restar es el momento de darles acceso al dinero e introducirles en la perspectiva práctica que les enseñará a tomar decisiones y a usar el dinero lo mejor posible.

Para ello, resulta muy útil implementar una paga, es decir, darles una cantidad pequeña a la semana o al mes y que ellos resuelvan qué hacer con este dinero. "El propósito de la paga es permitir al niño desarrollar habilidades de planificación de sus finanzas personales, aprender a ahorrar y educar su voluntad y poder de decisión" tal como apunta la Doctora en Psicología, Marianela Denegri. Esta paga además de ser la base fundamental para inculcar a los niños el valor del ahorro, "les dará una experiencia de aprendizaje práctico en cuanto al manejo del dinero y fortalecerá sus capacidades para ajustarse a su realidad económica", añade la Doctora Denegri.

Algunos consejos


Enseñarles a hacer un presupuesto para que administren su dinero les motivará a ahorrar y les creará la disciplina de organizar y controlar sus finanzas. Hacer una lista de sus entradas y sus gastos semanales e incluir en estos una cantidad destinada al ahorro, les demostrará cómo el ahorro rutinario y periódico puede ayudarles a lograr sus metas. Lo que importa no es el porcentaje del ahorro, sino el proceso en sí.

Para introducirlos en la práctica del ahorro puede ser también interesante que algunas cosas en las que están empeñados, por ejemplo, una prenda de ropa de marca o un juguete, la paguen en parte con su dinero: además de enseñarles para qué sirve el ahorro les ayudará a cuidar más las cosas sabiendo que tienen un valor.

En ocasiones puede ser frustrante el ver que necesitarán de muchos meses para juntar la cantidad de dinero que les permita adquirir algunos de estos artículos, cuando esto ocurra es el momento de enseñarles el valor del trabajo, impulsando a los niños a realizar pequeñas tareas remuneradas en el hogar que le ayuden a incrementar sus ahorros.


No los rescates de sus errores: No hay que evitar que el niño despilfarre el dinero en una compra sin sentido, ni darle un adelanto si de repente se queda sin efectivo por haberlo administrado mal. Los chicos aprenden mejor de sus propios errores, y si se dan cuenta de que han gastado el dinero en algo ilógico, ellos aprenderán a no hacerlo en el futuro.




Antes de comprar los útiles escolares revisa qué artículos del ciclo pasado te pueden servir para el que comienza, esto te ayudará a ahorrar y no poner en riesgo tu situación financiera.

La compra de útiles escolares representa una prioridad para los padres de familia, sin embargo, si no se planifica de manera adecuada, los ahorros podrían verse afectados y caer en el sobreendeudamiento.

Al respecto, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) emitió una serie de recomendaciones para que la compra de útiles no sea un riesgo para el bolsillo de los papás.

1.- Haz del presupuesto tu mejor aliado. Lleva un registro de todos tus gastos, sean fijos o variables. De esta forma sabrás cuál es tu capacidad de pago y cuánto dinero tienes para la compra de útiles escolares.
2.- Recicla. Hay productos como plumas, lápices, reglas, calculadoras, que pueden ser reutilizados uno o dos ciclos escolares. Revisa cuáles pueden ocupar tus hijos, y ahorra una cantidad importante de dinero.
3.- Compra por mayoreo. Comprar varios artículos escolares representa un menor gasto para tus bolsillos. Puedes ponerte de acuerdo con otros padres de familia para realizar las compras de manera conjunta.
4.- Consigue artículos a bajo costo. En esta temporada es un poco complicado encontrar útiles escolares de bajo costo, sin embargo puedes acercarte a padres de alumnos de otros grados que estén interesados en vender libros.
5.- Compra sólo lo necesario. Si tu situación financiera es complicada, compra sólo lo necesario como cuadernos, lápices y plumas y el resto de los artículos adquiérelos en la próxima quincena o mes iniciando el ciclo escolar.
6.- Cuida tu tarjeta de crédito. Considera que el dinero que tienes en la tarjeta de crédito no es propio. Si realizas compras después de la fecha de corte, puedes obtener hasta 50 días de financiamiento sin pagar intereses.
7.- Toma en cuenta los gastos alternos. Durante el ciclo escolar, tus hijos acudirán a clases alternas, actividades artísticas, paseos, campamentos, entre otras actividades, por ello procura hacer un ahorro para este tipo de imprevistos.



Así como los adultos, los niños también sufren de depresión postvacacional, una crisis de adaptación al momento de regresar a la rutina. #RegresoALasClases

 4 consejos para ayudar a los hijos a volver al colegio

Las obligaciones y el día a día pueden generar tensiones y manifestaciones físicas y emocionales desagradables en los seres humanos. Es lo que se conoce como el síndrome de depresión postvacacional y no solo le sucede a los adultos, también a los niños.

Aunque es menos frecuente, esta falta de adaptación entre el periodo vacacional y la vuelta a la vida activa aparece en los más jóvenes cuando regresan al colegio y no se encuentran a gusto en su ambiente, o tienen que enfrentarse a antiguos miedos, profesores que no son de su agrado, compañeros que los matonean o la experiencia de una nueva escuela.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el síndrome postvacacional como una enfermedad, a pesar de que la mayoría de clasificaciones de psicología internacionales no la tipifican de enfermedad. De acuerdo con el organismo internacional, en los menores de edad se manifiesta de forma conjunta o aislada e incluye el aspecto físico, emocional o ambos. Pero, ya sea de una u otra forma, provoca una conducta alterada en los niños que no se ajusta a su forma regular de actuar y les genera angustia.  
Los pediatras aseguran que es normal que la población infantil y juvenil la desarrolle, sobre todo cuando el tiempo de vacaciones se prolonga y no han habido horarios fijos. Es una crisis de adaptación para retomar la vida diaria.
De acuerdo con el departamento de psicología de la Clínica Universidad de Navarra, en España,  “la sintomatología del síndrome postvacacional es más propia de un cuadro depresivo y se manifiesta de forma progresiva. La falta de diagnóstico puede llevar a manifestar una incomprensión hacia estas personas que pueden agravar el cuadro”. Pero, ¿cuáles son sus síntomas exactamente? Estos son los más comunes en menores de edad, según los expertos del hospital español: cambio de humor, irritabilidad, falta de concentración, alteraciones del sueño, tristeza, llanto sin causa aparente, falta de apetito, agresividad, ansiedad, angustia y somatizaciones físicas como las diarreas y vómitos.
Existen unas recomendaciones mundialmente aceptadas y que se repiten una y otra vez en diferentes manuales de psicología, para tratar de aminorar los efectos del síndrome postvacional y ayudar a los niños a adaptarse a la rutina. Estos son los que recoge la publicación ‘Chronic Fatigue Syndrome, Fibromyalgia, and Other Invisible Illnesses‘ de la psicóloga estadounidense Katrina Berne, adaptados a la población infantil y juvenil.
1. Evitar transmitirle a los niños que volver a la rutina es algo negativo. Por el contrario, es importante incidir en los aspectos positivos de reencontrarse con los compañeros de colegio, con el estudio, aprender nuevos conocimientos, etc. Es importante que el niño note el apoyo familiar ahora que va a iniciar una nueva etapa en el colegio.
2. Realizar los cambios de forma progresiva antes de la vuelta a las aulas. Emplear los últimos tres o cuatro días de vacaciones para comenzar a establecer horarios (por ejemplo, levantarse a una hora determinada), responsabilidades y hábitos del día a día. De esta forma se reduce la brusquedad del cambio.
3. Establecer pautas de comportamiento y nuevas rutinas e ir introduciéndose poco a poco. Hacerlo de forma divertida, para que no lo entiendan como una imposición e ir ajustándolas poco a poco a las exigencias del colegio. Por ejemplo: después de cenar hay que irse a dormir, y no quedarse hasta tarde viendo el televisor, algo más propio de las vacaciones.
4. No dejar todo para el último momento. Ni la compra de útiles, ni el repaso del curso anterior. Esto ayuda al menor a mentalizarse de que la vuelta a la escuela está cerca y le permitirá prepararse emocionalmente para el cambio de la vida de ocio a la activa.


En lugar de encontrar culpables sobre el desempeño académico de sus hijos, es necesario que se responsabilicen sobre la calidad de su educación..

Papás, menos quejas, más acciones Foto: Pixabay

Los padres se quejan por el desempeño académico y escolar de sus hijos y señalan culpables. El Ministerio de Educación, los profesores y las directivas del colegio, suelen ser vistos como los responsables. Simplemente les delegan a los niños: los errores son culpa de otros. Si obtienen malos resultados en Matemáticas: “El profesor no ha estado pendiente ni ha explicado bien”; si tiene problemas de comprensión de lectura: “No le inculcaron la literatura en el colegio”.

Cuando los estudiantes obtienen malos resultados, la entrega de notas se convierte en un enfrentamiento. Los padres expresan su decepción y se enfurecen con los profesores: por no prestarle la suficiente atención al niño o por ser demasiado estrictos; también descargan la ira sobre sus hijos. Les repiten las mismas oraciones: “No entiendo por qué te fue mal. Tú dices que siempre haces las tareas”; “Tu única responsabilidad es estudiar: no tienes que trabajar, ni siquiera haces el aseo en la casa”.

La culpa siempre es de alguien más y pocas veces reflexionan sobre su función como padres. Un profesor de un colegio de Cota le dijo a Semana Educación que únicamente cuando la situación académica de un joven es muy grave y corre riesgos el año, los papás se preguntan qué hicieron mal. Sin embargo, suelen hacerlo como una pregunta retórica (que no suelen responder) o como una queja. Pocas veces surge de la pregunta un análisis sobre la paternidad, según afirmó.

Ante la angustia por un año con altibajos académicos, los papás no saben cómo responder. Es frecuente que administren castigos: “se acabaron los permisos”, “no más Internet, nada de Facebook, ni de videojuegos”, “se acabó la televisión”. Los papás piensan que con restricciones van a lograr que sus hijos obtengan mejores resultados. En otros casos, creen que revisando cada tarea (incluso haciendo ellos mismos los deberes extraescolares) van a mejorar los resultados.

Sin embargo, pocas veces eso tiene resultados en el desempeño académico. La conclusión es que hay que cambiar el enfoque, en especial, ahora que empieza el año. Lo primero: no se debe plantear una relación hostil entre la familia y los profesores; es necesario afianzar los lazos y encontrar estrategias comunes para enfrentar las dificultades. La confianza es fundamental, los profesores llevan años acompañando a los niños y jóvenes y han aprendido a hacerlo. Si les delegan la formación de sus hijos deben confiar en su trabajo.

Por otra parte, deben asumir que la responsabilidad de la paternidad en la educación. Formar va mucho más allá de pagar una matrícula y comprar útiles escolares. Los padres son responsables del desempeño académico de sus hijos, tanto o más que el colegio. Dos investigaciones de los últimos años lo comprueban, una de la Universidad de los Andes y la otra de La Sabana. Las condiciones de crianza, los ambientes en el hogar, los incentivos pedagógicos durante los tres primeros años de vida, tienen una consecuencia determinante en el desarrollo sociocognitivo de los niños.

Es más, según Angélica Pongutá, investigadora asociada Universidad de Yale, un ambiente hostil en los primeros años, puede tener consecuencias irreversibles en la formación del cerebro de los niños. En cambio, incentivar el amor por la literatura con lecturas en voz alta cada noche es responsabilidad de los padres. No es fácil crear hábitos de lectura en el colegio cuando la única rutina que los niños y jóvenes han visto en la casa ha estado determinada por los programas de televisión. Lo mismo puede decirse de la pintura, de llevar a los niños a museos, al jardín botánico.

Tener hijos no puede ser un accidente, ni simplemente una costumbre para preservar la especie. Es una responsabilidad y los padres deben asumirla. Una buena meta para empezar el año es comprometerse con la educación de sus hijos. Solo así los sacarán adelante: con relaciones cálidas y significativas, no con quejas sobre el colegio, el gobierno y los maestros, ni con castigos cuando las cosas van mal.




Presentamos 20 cuentos infantiles para fomentar la lectura en los Niños en estos tiempos. Ello les ayudara a despertar la imaginación y la creatividad.

-Contenido-




1.  Oscar Wilde - El gigante egoísta
2.  Cuento de hadas - Blancanieves
3.  Cuento de hadas - Caperucita Roja
4.  Cuento de hadas - Cenicienta
5.  Hans Christian Andersen - El patito feo
6.  Los tres cerditos y el lobo feroz
7.  Frank Baum - El maravilloso mago de Oz
8.  Hans Christian Andersen - El soldadito de plomo
9.  Cuento de hadas - Ricitos de Oro y los tres osos
10. Oscar Wilde - El ruiseñor y la rosa
11. James Matthew Barrie - Peter Pan
12. Cuento popular - El gato con botas
13. Mark Twain - El príncipe y el mendigo
14. El ratón de campo y el ratón de ciudad
15. El cuento del Ratón Pérez
16. Cuento de hadas - Barba Azul
17. El flautista de Hamelin
18. Cuento de hadas - La sirenita
19. Hermanos Grimm - La bella durmiente
20.  Las aventuras de pinocho





Se necesita Profesora Licenciada en Inglés, para orientar siete horas semanales en 5 Grupos de Primaria (35 horas semanales).

Interesadas: presentar hoja de vida en la Recepción del Colegio: Calle 28 No. 21 -41 - Teléfono 6455874 – Bucaramanga.

O enviar al correo electrónico: trabajeconnosotros@colsantisimatrinidad.com




A partir del lunes 19 de diciembre El Colegio estará en cese de actividades, por las festividades decembrinas y retomará labores  –administrativas- el martes 10 de enero de 2017.
A toda nuestra Comunidad Educativa y sociedad en general deseamos una “Feliz Navidad” y un “Año Nuevo” lleno de bendiciones, éxitos y prosperidad; que en sus hogares reine la armonía, la paz, la unión y la fraternidad.
No olvidemos que:
“El Mundo nos Invita a Compartir
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Vuelta a Clases:
Febrero 1: Bachillerato
Febrero 2: Primaria

Febrero 3: Preescolar


Foto: Ilustración: Fernán Pérez
La tendencia es inscribir a los niños en cuantos cursos y actividades haya.

Expertos dicen que los niños deben descansar y romper con la rutina, no saturarse de actividades.



Suena la campana y los niños salen corriendo de clase. Terminó un año académico más –o por lo menos un trimestre– y llegaron las vacaciones de diciembre y enero. Ellos quieren descansar, pasar tiempo con sus amigos, no tener que preocuparse por tareas o exámenes. Pero muchos padres de familia se toman la cabeza, se desesperan al saberlos desocupados en casa y no saben qué hacer con ellos.

La tendencia es inscribirlos en cuantos cursos y actividades haya, como clases de fútbol, ballet, artes, música y muchas más. Pero esto implica otras responsabilidades para los pequeños: seguir despertándose temprano y tener gran parte del día ocupado, y se puede perder la sensación de estar realmente en vacaciones.
Un estudio publicado por el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio (España) en el 2015 identificó que los niños de esta generación tienen menos espacios de ocio que los de la generación de 1990, y que están mucho más recargados de responsabilidades y actividades extraescolares que los de otras épocas. Y por eso, añade dicha institución, surge el llamado estrés infantil. Aunque no son pocos los estudios que recalcan la importancia de las actividades extracurriculares en el rendimiento académico.

Y los cursos vacacionales, del tipo que sean, siempre serán una opción válida y muy útil.
Hay que romper la rutina
Expertos consultados por EL TIEMPO afirman que llenar a los niños de actividades durante las vacaciones no es precisamente un descanso, pues no se rompe la rutina. Las vacaciones son un tiempo para levantarse tarde, descansar, jugar al aire libre, compartir con amigos y hacer esas cosas que no son posibles en la cotidianidad. Incluso, aburrirse es una buena opción.
De hecho, la investigadora Teresa Belton, de la Universidad de Educación y Aprendizaje Permanente de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), en un artículo del ‘Cambridge Journal of Education’, asegura que los niños necesitan de los momentos de aburrimiento, porque es en estos cuando se generan las mejores ideas. Saturar al niño con actividades y con miles de cosas no es recomendable.

En esto coincide Diego Caballero, padre de dos niñas. Dice que en las vacaciones sus hijas juegan al aire libre, practican deportes y se la pasan en el parque del barrio con sus amigos. Y aclara que les permiten ciertas licencias como que se levanten y bañen más tarde.
Descansar es más que necesario, debe ser obligatorio. Neila Díaz, directora de la especialización en psicología educativa de la Universidad de la Sabana, explica que las cosas se ven de una manera distinta cuando se presenta un cambio de actividad. “Cuando estás en una actitud de descanso se procesa más tranquilamente y la gente puede ser más creativa”, afirma.

De hecho, Díaz considera que uno de los problemas de los que sufrimos los colombianos es que no sabemos descansar. En Europa, por ejemplo, cuando los colegios salen a vacaciones los profesores se desconectan totalmente al igual que los estudiantes.
Bajo esa misma premisa, Julián de Zubiría, experto en educación y rector del Instituto Alberto Merani, dice que no está de acuerdo con las tareas en vacaciones para los niños. Asegura que los colegios se equivocan al poner a los estudiantes a estudiar más durante su tiempo de descanso. “Deben hacer actividades diferentes, recreativas, grupales, practicar deportes, ir al teatro, a conciertos”, considera el experto.

Pero como el mismo De Zubiría explica, lo ideal de hacer esas actividades es que sea con los padres porque lo más importante en las épocas de descanso es que compartan en familia y se aproveche el tiempo.
Ángela Fernández tiene dos hijos: un adolescente, Federico, y una niña de 9, Isabela, y parece que se hubiera asesorado de estos mismos expertos. Dice, por ejemplo, que en enero se inscribirá con su hija en clases de natación. Aprovecho este tiempo de vacaciones –dice– para recuperar esos vínculos con mis hijos que se rompen por la cotidianidad”.

Isabela, en el poco tiempo que lleva de vacaciones ha hecho muchas cosas, entre otras, visitar a las abuelas. Ellas le están enseñando a tejer porque quiere ser diseñadora de modas, y ahora empezará a hacer galletas de Navidad para venderlas entre sus allegados.
La madre dice que no está de acuerdo con saturar a los niños con miles de cursos y dice: “Conozco casos de mamás que meten a sus hijos en muchas actividades porque no se los aguantan en la casa”.
Y es que una cosa es inscribir al niño en un curso de fútbol y otra es sacar un balón de fútbol con él y jugar. De Zubiría se muestra preocupado porque, “no se ven muchos padres jugando con sus hijos ni yendo a actividades culturales”, y afirma que esto no ayuda a su desarrollo.
Lo que los niños pueden hacer
Aburrirse. En nuestra sociedad hay fobia al aburrimiento. La presión para que seamos productivos todo el tiempo es tan fuerte que inclusive genera que en estas épocas festivas los psicólogos reciban pacientes que les tienen pánico a las vacaciones. Sin embargo, diversos estudios e investigaciones demuestran que los momentos en los que no hay nada que hacer se estimula la creatividad al igual que la imaginación. De ahí la importancia de que los niños no sean sobreestimulados con actividades y que tengan tiempo para estar solos.

Dormir y dormir. ¿Qué tiene que ver dormir con aburrirse? Pues que ambos espacios cada vez son menores por la presión de la sociedad para ser productivos. Sin embargo, dormir bien y largo tiempo es bueno. El Instituto del Sueño dice que los niños de 2 a 10 años deben dormir 10 horas y a partir de la adolescencia debe ser un promedio de 7 a 8 horas.

Jugar al aire libre. Además de ser un espacio en el que los niños se ejercitan, también se desarrolla la creatividad porque permite la exploración y el descubrimiento. Jugar al aire libre también desarrolla la autonomía y brinda seguridad y confianza en sí mismo, y permite generar vínculos sociales.

Compartir con la familia. Los padres son los más importantes, pero no los únicos. Que el niño visite a sus abuelos, a sus tíos, a sus primos y a toda la familia es fundamental para su desarrollo. Además es un buen plan. Los espacios con los amigos siempre serán importantes.

Planes creativos. Invente con sus hijos una piyamada o cocinen juntos sus platos favoritos e invite a los amigos a casa. Los viajes siempre serán una muy buena opción, pues sirven para afianzar los vínculos. Y si quieren que hagan un curso o algo parecido, que sea un tema que a ellos les interese. Siempre, conciliar con ellos.




El mejor regalo es el más barato Foto: 123RF

Un estudio reveló que los juguetes tradicionales y sencillos como un bate, una muñeca o una pelota, que a su vez son los más económicos, traen más felicidad a los niños.

Para el sondeo, hecho por la firma 118 118 Money, los investigadores consultaron a 1.000 papás sobre los regalos navideños con los que sus hijos habían jugado más el año pasado. La mayoría respondió que, además de las pelotas, usaron sobre todo el hula hula, los frisbees y las pistolas de agua. Así mismo, los niños disfrutaron las figuras de héroes de acción, las muñecas y los juegos de manualidad con plastilina. Curiosamente estos regalos cuestan 40 por ciento menos que los juguetes de moda.


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